Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
El análisis de averías tiene como objetivo determinar las
causas que han provocado determinadas averías (sobre todo las averías
repetitivas y aquellas con un alto coste) para adoptar medidas preventivas que
las eviten. Es importante destacar esa doble función del análisis de averías:
· Determinar las causas de una avería
· Proponer medidas que las eviten, una vez
determinadas estas causas
La mejora de los resultados de mantenimiento pasa,
necesariamente, por estudiar los incidentes que ocurren en la planta y aportar
soluciones para que no ocurran. Si cuando se rompe una pieza simplemente se
cambia por una similar, sin más, probablemente se esté actuando sobre la causa
que produjo la avería, sino tan solo sobre el síntoma. Los analgésicos no
actúan sobre las enfermedades, sino sobre sus síntomas. Evidentemente, si una
pieza se rompe es necesario sustituirla: pero si se pretende retardar o evitar
el fallo es necesario estudiar la causa y actuar sobre ella.
Cuando se estudia una avería es importante recopilar todos
los datos posibles disponibles. Entre ellos, siempre deben recopilarse los
siguientes:
- Relato pormenorizado en el que se cuente qué se
hizo antes, durante y después de la avería. Es importante detallar la hora en
que se produjo, el turno que estaba presente (incluso los operarios que
manejaban el equipo) y las actuaciones que se llevaron a cabo en todo momento.
- Detalle de todas las condiciones ambientales y
externas a la máquina: temperatura exterior, humedad (si se dispone de ella),
condiciones de limpieza del equipo, temperatura del agua de refrigeración,
humedad del aire comprimido, estabilidad de la energía eléctrica (si hubo
cortes, microcortes, o cualquier incidencia detectable en el suministro de energía),
temperatura del vapor (si el equipo necesita de este fluido), y en general, las
condiciones de cualquier suministro externo que el equipo necesite para
funcionar.
- Últimos mantenimientos preventivos realizados en
el equipo, detallando cualquier anomalía encontrada.
- Otros fallos que ha tenido el equipo en un
periodo determinado. En equipos de alta fiabilidad, con un MTBF
alto, será necesario remontarse a varios años atrás. En equipos con un MTBF
bajo, que presentan bastantes incidencias, bastará con detallar los fallos
ocurridos el último año. Por supuesto, será importante destacar aquellos fallos
iguales al que se estudia, a fin de poder analizar la frecuencia con la que
ocurre.
- Condiciones internas en que trabajaba el equipo.
Será importante destacar datos como la temperatura y presión a que trabajaba el
equipo, caudal que suministraba, y en general, el valor de cualquier variable
que podamos medir. Es importante centrarse en la zona que ha fallado, tratando
de determinar las condiciones en ese punto, pero también en todo el equipo,
pues algunos fallos tienen su origen en puntos alejados de la pieza que ha
fallado. En ocasiones, cuando el fallo es grave y repetitivo, será necesario
montar una serie de sensores y registradores que nos indiquen determinadas
variables en todo momento, ya que en muchos casos los instrumentos de medida
que se encuentra instalados en el equipo no son representativos de lo que está
ocurriendo en un punto determinado. El registro de valores a veces se convierte
en una herramienta muy útil, pues determinadas condiciones que provocan un
fallo no se dan en todo momento sino en
periodos muy cortos (fracciones de segundo por ejemplo). Es el caso de los
golpes de ariete: provocan aumentos de presión durante periodos muy cortos que
llegan incluso a superar en 1000 veces la presión habitual.
Una vez recopilados todos los datos descritos, se puede
estar en disposición de determinar la causa que produjo el fallo.
Las causas habituales de los fallos son generalmente una o
varias de estas cuatro:
1. Por
un fallo en el material
2. Por
un error humano del personal de operación
3. Por
un error humano del personal de mantenimiento
4. Condiciones
externas anómalas
En ocasiones, confluyen en una avería más de una de estas
causas, lo que complica en cierto modo el estudio del fallo, pues a veces es
complicado determinar cuál fue la causa principal y cuales tuvieron una
influencia menor en el desarrollo de la avería.
Fallos en el material
Se considera que se ha producido un fallo en el material
cuando, trabajando en condiciones adecuadas una determinada pieza queda
imposibilitada para prestar su servicio. Un material puede fallar de múltiples
formas:
- Por desgaste. Se da en piezas que pierden sus
cualidades con el uso, pues cada vez que entran en servicio pierden una pequeña
porción de material. Es el caso, por ejemplo, de los cojinetes antifricción.
- Por rotura. Se produce cuando aplicamos fuerzas
de compresión o de estiramiento a una pieza sobrepasando su límite elástico. Es
el caso del hundimiento de un puente por sobrepeso, por ejemplo. Las roturas a
su vez pueden ser dúctiles o frágiles, dependiendo de que exista o
no-deformación durante el proceso de rotura. Así, las cerámicas, en condiciones
normales presentan roturas frágiles (las piezas pueden encajarse perfectamente
tras la rotura), mientras que el aluminio presenta una rotura dúctil, con
importantes deformaciones en el proceso que impedirían recomponer la pieza rota
por simple encaje de los restos.
- Por fatiga. Determinadas piezas se encuentran
sometidas a esfuerzos cíclicos de presión y/o estiramiento, en el que la fuerza
aplicada no es constante, sino que cambia con el tiempo. La diferencia
importante con el caso anterior (fallo por rotura) es que estas fuerzas
cíclicas están por debajo del límite elástico, por lo que en principio no
tendrían por qué provocar roturas. Pero provocan el desarrollo de defectos del
material, generalmente desde la superficie hacia el interior de la pieza. De
forma teórica es posible estimar la cantidad de ciclos que puede resistir una
pieza antes de su rotura por fatiga, en función del tipo de material y de la
amplitud de la tensión cíclica, aunque el margen de error es grande. Determinados
fenómenos como la corrosión o las dilataciones del material por temperatura
afectan a los procesos de fatiga del material.
Los errores de diseño están normalmente detrás de un fallo
en el material. El infradimensionamiento de piezas por error en cálculos, no
considerar situaciones puntuales y transitorias en las que las piezas estarán
sometidas a unas condiciones más exigentes que las de operación normal y la
mala elección de materiales por razones económicas, desconocimiento de las
condiciones de trabajo o de los productos existentes en el mercado para una
determinada aplicación son las causas más habituales de fallo de piezas por
fallo del material.
Error humano del personal de producción
Otra de las causas por las que una avería puede producirse
es por un error del personal de producción. Este error a su vez, puede tener su
origen en:
- Error de interpretación de un indicador durante
la operación normal del equipo, que hace al operador o conductor de la
instalación tomar una decisión equivocada
- Actuación incorrecta ante un fallo de la
máquina. Por ejemplo, introducir agua en una caldera caliente en la que se ha
perdido en nivel visual de agua; al no conocerse qué cantidad de agua hay en su
interior, es posible que esté vacía y caliente, por lo que al introducir agua
en ella se producirá la vaporización instantánea, con el consiguiente aumento
de presión que puede provocar incluso la explosión de la caldera.
- Factores físicos del operador: este puede no
encontrarse en perfectas condiciones para realizar su trabajo, por mareos,
sueño, cansancio acumulado por jornada laboral extensa, enfermedad, etc.
- Factores psicológicos, como la desmotivación,
los problemas externos al trabajo, etc., influyen enormemente en la
proliferación de errores de operación
- Falta de instrucciones sistemáticas claras, como
procedimientos, instrucciones técnicas, etc., o deficiente implantación de
éstas
- Falta de formación
Errores del personal de mantenimiento
El personal de mantenimiento también comete errores que
desembocan en una avería, una parada de producción, una disminución en el
rendimiento de los equipos, etc. Una parte importante de las averías que se
producen en una instalación está causado por el propio personal de
mantenimiento. Entre los fallos más habituales provocados o agravados por el
propio personal de mantenimiento están las siguientes:
- Observaciones erróneas de los parámetros
inspeccionados. En ocasiones se dan por buenos valores alarmantes de
determinados parámetros, que aconsejarían
- Realización de montajes y desmontajes sin
observar las mejores prácticas del sector
- No respetar o no comprobar tolerancias de ajuste
- No respetar o no controlar pares de apriete
- La reutilización de materiales que deben
desecharse. Es el caso, por ejemplo, de la reutilización de elementos de
estanqueidad
- Por el uso de repuestos no adecuados: repuesto
no original, que no cumple las especificaciones necesarias, repuesto que no ha
sido comprobado antes de ser montado
- Por el uso de herramienta inadecuada. El caso
más habitual es el empleo de llaves ajustables que provocan en muchos casos el
redondeo de cabezas de tornillos
Como en el caso anterior, los errores del personal de
mantenimiento también se ven afectados por factores físicos, psicológicos, por
la falta de implantación de procedimientos y por la falta de formación.
Condiciones externas anómalas
Cuando las condiciones externas son diferentes a las
condiciones en que se ha diseñado el equipo o instalación pueden sobrevenir
fallos favorecidos por esas condiciones anormales. Es el caso de equipos que
funcionan en condiciones de temperatura, humedad ambiental o suciedad
diferentes de aquellas para las que fueron diseñados. También es el caso de
equipos que funcionan con determinados suministros (electricidad, agua de
refrigeración, agua de alimentación, aire comprimido) que no cumplen unas
especificaciones determinadas, especificaciones en las que se ha basado el
fabricante a la hora de diseñar sus equipos.
En ocasiones, en una misma avería confluyen varias causas
simultáneamente, lo que complica enormemente el estudio del problema y la
aportación de soluciones. Es importante tener en cuenta esto, pues con
determinar una única causa en muchas ocasiones no se consigue evitar el
problema, y hasta que no se resuelven todas las causas que la provocan no se
obtienen resultados significativos.
Dependiendo de la causa que provoca el fallo, las medidas
preventivas a adoptar pueden ser las siguientes:
1. Fallos
en el material
Si se ha producido un fallo en el material, las soluciones a
proponer son variadas. Entre ellas estarían:
- Si el fallo se ha producido por desgaste, habrá
que estudiar formas de reducir el desgaste de la pieza, con una lubricación
mayor, por ejemplo. Si no es posible reducir el desgaste, será necesario
estudiar la vida útil de la pieza y cambiarla con antelación al fallo. Estas
dos acciones corresponden a mantenimiento. También puede rediseñarse la pieza o
una parte de la máquina para disminuir este desgaste, o utilizar materiales
diferentes
- Si el fallo se produce por corrosión, la
solución será aplicar capas protectoras o dispositivos que la reducen
(protecciones catódicas o anódicas). También, hacer lo posible para evitar los
medios corrosivos (evitar la humedad, corregir el pH o las características
redox del medio, etc.)
- Si el fallo se produce por fatiga, entre las
soluciones a aportar estarán:
- Reducir la energía y/o la frecuencia de las
tensiones cíclicas a las que esté sometida la pieza
- Cambiar el material, por otro con menor número
de defectos (grietas, fisuras. Hay que recordar que la fatiga, en general, es
el progreso de una grieta ya existente)
- Pulir la superficie de la pieza, para evitarlas
grietas y fisuras provocadas en el proceso de mecanización
- Realizar tratamientos superficiales, como la
nitruración o el granallado, que endurecen la capa superficial
- Modificar el diseño de la pieza, de manera que
se reduzcan los puntos de concentración de tensiones, suavizando curvas,
evitando aristas, etc.
- Si el fallo se produce por dilatación, modificar
la instalación de manera que se permita la libre dilatación y contracción del
material por efecto térmico, bien modificando soportes, bien incorporando
elementos que absorban las dilataciones y contracciones del material
- Si se determina que no es posible corregir las
causas que provocan el fallo del material, lo correcto será cambiar el
material, el diseño de la pieza o las características de la pieza que falla por
otra que pueda funcionar correctamente en las condiciones reales de trabajo
(tanto normales como esporádicas). Es posible que el cambio en una pieza lleve
aparejados otros cambios (reforma para adaptar la nueva pieza, cambios en otros
equipos, etc).
2. Error
humano del personal de producción
Para evitar fallos en el personal de producción, la primera
solución preventiva que se debe adoptar es trabajar sólo con personal motivado.
Eso quiere decir que la empresa debe hacer los esfuerzos necesarios para
motivar al personal, y apartar de determinados puestos en los que la calidad
del trabajo depende de la habilidad del operario a aquel personal desmotivado y
de difícil reconducción.
La segunda solución a adoptar es la formación del personal.
Cuando se detecta que determinados fallos se deben a una falta de conocimientos
de determinado personal, debe organizarse una rápida acción formativa que acabe
con este problema. La formación debe ser específica: un plan de formación
basado en cursos de procesadores de texto para personal que trabaja en una máquina
de rectificado no parece que acabe con problemas relacionados con averías
repetitivas en este tipo de equipos.
En tercer lugar es posible introducir modificaciones en las
máquinas que eviten los errores. Son los llamados Poka-Yoke o sistemas antierror. En general consisten en mecanismos
sencillos que reducen a cero la posibilidad de cometer un error. Un ejemplo
para evitar los errores de conexionado en máquinas es colocar conectores
distintos y de una sola posición para cada grupo de cableado; de esta manera es
físicamente imposible conectar de manera inadecuada, ya que los conectores son
incompatibles entre sí.
3. Error
humano del personal de mantenimiento.
Para evitar fallos del personal de mantenimiento, en primer
lugar (igual que en el caso anterior) el personal debe estar motivado y
adecuadamente formado. Si no es así, deben tomarse las medidas que corresponda,
que serán las mismas que en el caso anterior (la empresa debe hacer todos los
esfuerzos necesarios para motivar al personal y si realizado todos los
esfuerzos posibles la desmotivación del trabajador supone un riesgo para sí
mismo, para otros o para las instalaciones el trabajador debe ser apartado de
su responsabilidad).
La manera más eficaz de luchar contra los errores cometidos
por el personal de mantenimiento es la utilización de procedimientos de
trabajo. Los procedimientos contienen información detallada de cada una de las
tareas necesarias para la realización de un trabajo. Contienen también todas
las medidas y reglajes necesarios a realizar en el equipo. Por último, en estos
procedimientos se detalla qué comprobaciones deben realizarse para asegurarse
de que el trabajo ha quedado bien hecho.
Si se detecta en el análisis del fallo que éste ha sido
debido a un error del personal de mantenimiento, la solución a adoptar será
generalmente la redacción de un procedimiento en el que se detalle la forma
idónea de realización de la tarea que ha sido mal realizada, y que ha tenido
como consecuencia el fallo que se estudia.
4. Condiciones
externas anómalas.
Si se determina que un fallo ha sido provocado por unas
condiciones externas anómalas, la solución a adoptar será simple: corregir
dichas condiciones externas, de manera que se adapten a los requerimientos del
equipo.
En ocasiones esta solución es imposible. En estos casos, la
solución a adoptar es minimizar los efectos nocivos de las condiciones que no
se cumplen. Es el caso, por ejemplo, de turbinas de gas que operan en el
desierto. Las condiciones de polvo ambiental superan con mucho las
especificaciones que recomiendan los fabricantes de turbinas para el aire de
admisión. En este caso, y ya que no es posible modificar las condiciones
ambientales, es posible utilizar filtros más exigentes (filtros absolutos, por
ejemplo) para este aire de admisión.
5. El
stock de repuestos
Si un fallo ha provocado que los resultados económicos de la
empresa se hayan resentido, no sólo será necesario tomar medidas preventivas
acordes con la importancia del fallo, sino minimizar los efectos de éste en
caso de que vuelva a producirse. Así, una de las medidas que puede hacer que el
impacto económico sea menor es reducir el tiempo de reparación, teniendo a
disposición inmediata el material que pueda ser necesario para acometerla.
De hecho, al dimensionar un stock de repuestos de una u otra
forma se tiene en cuenta lo que ya ha fallado o lo que tiene posibilidades de
fallar. Los técnicos más experimentados normalmente recurren no a complejos
análisis, sino a su memoria, para determinar todo aquello que desean tener en
stock en su almacén de repuesto; y normalmente seleccionan todas aquellas
piezas que en el pasado han necesitado.
Cuando se dimensiona el stock para hacer frente a averías
pasadas o probables hay que tener en cuenta no sólo las piezas principales,
sino también las accesorias. A menudo no se tienen en cuenta racores, juntas,
tornillería, elementos de fijación y en general, los accesorios que suelen
acompañar a la pieza principal. Sin estos elementos adicionales y de bajo coste
resulta inútil contar con los principales, pues la reparación no se podrá
completar.
Un caso muy especial de análisis de fallo lo
constituye el análisis metalográfico de piezas que han fallado. El análisis
metalográfico, que se realiza en laboratorios especializados, aporta
información muy precisa sobre la forma de rotura de una pieza, la zona de
inicio del problema, la evolución, y la composición del material que ha
fallado.
Las técnicas más usuales son las siguientes,
aunque hay otras técnicas que pueden emplearse:
- Microscopia
electrónica de barrido: con
esta técnica se llevan a cabo análisis microestructurales, estudios
de superficies de fractura, microanálisis químico de EDS (Electron Dispersive Spectroscopy), y
estudios de porosidad, entre otros.
- Microscopia óptica: con ayuda del microscopio óptico se
realizan análisis microestructurales y estudios de metalografía
cuantitativa: (determinación de tamaño de grano austenítico, cantidad de
fases, clasificación de inclusiones y cantidad de porosidad).
- Metalografía
cuantitativa: análisis metalográficos de determinación de tamaño de
grano, cantidad de fases, inclusiones a través de metodologías como el
intercepto lineal y conteo de puntos.
La conclusión más interesante que aporta el estudio metalográfico
es la determinación de las causas que pueden haber provocado el fallo en
materiales cerámicos y metálicos, siempre muy conceptuales, pues habitualmente
el analista no conoce con detalle el equipo en que está instalada la pieza que
ha fallado; y a partir de la determinación del origen del fallo, el analista
puede realizar sugerencias sobre el material que podría utilizarse en la pieza
que ha fallado para evitar su fallo en las condiciones de uso.
Cuando
se produce un fallo que afecta de forma apreciable a la producción, a la
calidad de los productos, a la seguridad de las personas o puede provocar un
grave impacto ambiental, es conveniente, casi imprescindible, realizar un
análisis de averías. Si no se tienen los conocimientos, el personal o el tiempo
necesario para realizar este análisis, puede recurrirse a una empresa
especializada.
Lo
habitual es que en primer lugar se recurra al personal de planta, si se confía
en su criterio. En segundo lugar, la opinión y el análisis de la situación que
puede hacer el fabricante del equipo pueden resultar de mucha ayuda, por el
conocimiento que se supone que el fabricante tiene de sus equipos. Hay que
tener en cuenta que en muchos casos realizará este análisis de forma gratuita,
porque es el primer interesado en conocer cómo y cuando fallan sus equipos.
Si se
tiene contratado el mantenimiento con una empresa externa y el contrato es de
gran alcance, el propietario debe exigir a la empresa contratista no sólo la
solución a los problemas que surgen, sino información detallada de los
incidentes que ocurren. Muchas empresas contratistas ‘escatiman’ esta
información al propietario, pensando que no es bueno que el cliente lo sepa
todo. Sólo las empresas más serias son conscientes de que la ocultación de
información y la no realización de análisis detallados de los principales
incidentes ocurridos y/o la ocultación de los resultados de estos análisis
merman la confianza del cliente y favorecen que se vuelvan a repetir una y otra
vez los mismos fallos.
Por
último, puede contarse con una empresa especializada este tipo de análisis,
siempre considerando que debe ser imparcial y sin intereses en el
esclarecimiento de las causas de una avería, y que debe tener los conocimientos
adecuados para abordar las causas que han provocado el fallo.