Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
Uno de los problemas a plantearse a la hora de gestionar
adecuadamente las órdenes de trabajo correctivas es asignar prioridades a las
diferentes órdenes que se generan. Las plantillas de mantenimiento son cada vez
más reducidas, buscando un lógico ahorro en costes. Por ello, no es posible
tener personal esperando en el taller de mantenimiento a que llegue una orden
de trabajo para intervenir. Cuando se produce una avería, el personal
generalmente está trabajando en otras, y tiene una cierta carga de trabajo
acumulada. Se hace pues necesario crear un sistema que permita identificar qué
averías son más urgentes y deben ser atendidas de forma prioritaria.
Los niveles de prioridad pueden ser muchos y muy variados,
pero en casi todas las empresas que poseen un sistema de asignación de
prioridades se establecen al menos estos tres niveles:
- Averías urgentes: son aquellas que
deben resolverse inmediatamente, sin esperas, pues causan un grave perjuicio a
las empresas.
- Averías importantes, que aunque
causan un trastorno al normal funcionamiento de la planta pueden esperar a que
todas las averías urgentes estén resueltas
- Averías cuya solución puede programarse.
Puede que sea conveniente esperar a una parada del equipo, o simplemente que el
trastorno que causan es pequeño, y es más interesante acumular otras órdenes
sobre el mismo equipo.
Estos niveles se suelen subdividir en tantos como pueda ser
más aconsejable para una buena gestión del mantenimiento correctivo
Una vez definidos los niveles de prioridad, es necesario
definir un sistema para asignar prioridades a cada avería. Muchas empresas no
definen con claridad este sistema, dejándolo al juicio subjetivo de alguien
(programador, jefe de mantenimiento, encargado, etc.). La consecuencia en
muchos casos es que la mayor parte de las averías que se comunican tienen la
prioridad máxima.
El sistema de asignación de prioridades debe ser diseñado al
establecer los niveles, pero al menos debería tener en cuenta los siguientes
puntos:
- Una avería que afecte a la seguridad de las
personas y/o al medio ambiente debe ser considerada urgente. Así, si se
detecta que una seta de emergencia ha dejado de funcionar, o el soporte de un
elemento que puede caer ofrece dudas sobre su resistencia, su prioridad debería
ser máxima
- Las averías que suponen la parada de equipos
críticos por producción deben ser consideradas urgentes. En aquellos
equipos que sean cuellos de botella o de los que dependa la cantidad producida
total, una parada debe ser atendida de forma preferente.
- En aquellos equipos críticos por producción en
los que se detecte un problema cuya resolución implique la parada del equipo,
pero que puedan seguir funcionando correctamente, la reparación del problema
debe esperar a una parada del equipo por otra razón.
- En equipos redundantes, en caso de sufrir una
avería el equipo duplicado se pasa a una situación de criticidad temporal del
equipo que presta servicio. Es el caso de las bombas de alimentación de una
caldera. Normalmente, estas bombas están duplicadas, manteniéndose una de ellas
en servicio y la otra parada por si se produce un fallo de la bomba en
servicio. En estos casos, la bomba que queda en funcionamiento pasa a ser
crítica. La reparación de la bomba averiada no tiene la máxima criticidad, pero
debe ser reparada en cuanto se acabe con las averías urgentes
En la figura adjunta se detalla un diagrama de flujo para la
asignación de prioridades, en un sistema con cuatro niveles de prioridad:
Nivel 1:
Averías urgentes. Reparación inmediata. Es prioritaria frente a cualquier
otra avería, a excepción de otras urgentes
Nivel 2:
Averías importantes: No es necesario que la reparación sea inmediata, pero
debe realizarse cuanto antes.
Nivel 3:
Averías a programar con fecha determinada.
Nivel 4:
Averías a programar con fecha no determinada. Son averías cuya reparación
debe esperar a que se produzca una parada del equipo.