FASE 5: DETERMINACIÓN DE LAS MEDIDAS PREVENTIVAS
Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
Determinados los modos de fallo del sistema que se
analiza y clasificados estos modos de fallo según su criticidad, el siguiente
paso es determinar las medidas preventivas que permiten bien evitar el fallo
bien minimizar sus efectos. Desde luego, este es el punto fundamental de
un estudio RCM.
Las medidas preventivas que se pueden tomar son de cinco
tipos: tareas de mantenimiento, mejoras, formación del personal, modificación de
instrucciones de operación y modificación de instrucciones de mantenimiento. Es
aqui donde se ve la enorme potencia del análisis de fallos: no sólo se obtiene
un conjunto de tareas de mantenimiento que evitarán estos fallos, sino que
además se obtendrán todo un conjunto de otras medidas, como un listado de
modificaciones, un plan de formación, una lista de procedimientos de operación
necesarios. Y todo ello, con la garantía de que tendrán un efecto muuy
importante en la mejora de resultados de una instalación.
TAREAS DE MANTENIMIENTO
Son los trabajos que
podemos realizar para cumplir el objetivo de evitar el fallo o minimizar sus
efectos. Las tareas de mantenimiento pueden, a su vez, ser de los siguientes
tipos:
- Tipo 1:
Inspecciones visuales. Veíamos que
las inspecciones visuales siempre son rentables. Sea cual sea el modelo de
mantenimiento aplicable, las inspecciones visuales suponen un coste muy bajo,
por lo que parece interesante echar un vistazo a todos los equipos de la planta
en alguna ocasión.
-
Tipo 2:
Lubricación. Igual que en el caso
anterior, las tareas de lubricación, por su bajo coste, siempre son rentables
- Tipo 3: Verificaciones del correcto funcionamiento realizados con
instrumentos propios del equipo (verificaciones on-line). Este tipo de
tareas consiste en la toma de datos de una serie de parámetros de funcionamiento
utilizando los propios medios de los que dispone el equipo. Son, por ejemplo, la
verificación de alarmas, la toma de datos de presión, temperatura, vibraciones,
etc. Si en esta verificación se detecta alguna anomalía, se debe proceder en
consecuencia. Por ello es necesario, en primer lugar, fijar con exactitud los
rangos que entenderemos como normales para cada una de las puntos que se trata
de verificar, fuera de los cuales se precisará una intervención en el equipo.
También será necesario detallar como se debe actuar en caso de que la medida en
cuestión esté fuera del rango normal.
- Tipo 4:
Verificaciones del correcto
funcionamientos realizados con instrumentos externos del
equipo. Se pretende, con este tipo de tareas, determinar si el equipo cumple con
unas especificaciones prefijadas, pero para cuya determinación es necesario
desplazar determinados instrumentos o herramientas especiales, que pueden ser
usadas por varios equipos simultáneamente, y que por tanto, no están
permanentemente conectadas a un equipo, como en el caso anterior. Podemos
dividir estas verificaciones en dos categorías:
A) Las realizadas con instrumentos sencillos, como pinzas
amperimétricas, termómetros por infrarrojos, tacómetros, vibrómetros, etc.
B) Las realizadas con instrumentos complejos, como
analizadores de vibraciones, detección de fugas por ultrasonidos, termografías,
análisis de la curva de arranque de motores, etc.
-
Tipo 5: Tareas
condicionales. Se realizan
dependiendo del estado en que se encuentre el equipo. No es necesario
realizarlas si el equipo no da síntomas de encontrarse en mal estado.
Estas tareas pueden ser:
- Limpiezas
condicionales, si el equipo da muestras de encontrase sucio
- Ajustes condicionales, si el comportamiento del equipo
refleja un desajuste en alguno de sus parámetros
- Cambio de piezas, si tras una inspección o verificación se
observa que es necesario realizar la sustitución de algún elemento
- Tipo 6:
Tareas sistemáticas, realizadas cada
ciertas horas de funcionamiento, o cada cierto tiempo, sin importar como se
encuentre el equipo. Estas tareas pueden ser:
- Limpiezas
- Ajustes
- Sustitución de piezas
-
Tipo 7: Grandes revisiones, también
llamados Mantenimiento Cero Horas, Overhaul o Hard Time,
que tienen como objetivo dejar el
equipo como si tuviera cero horas de funcionamiento.
Una vez determinado los modos de fallo posibles en un ítem,
es necesario determinar qué tareas de mantenimiento podrían evitar o minimizar
los efectos de un fallo. Pero lógicamente, no es posible realizar cualquier
tarea que se nos ocurra que pueda evitar un fallo. Cuanto mayor sea la gravedad
de un fallo, mayores recursos podremos destinar a su mantenimiento, y por ello,
más complejas y costosas podrán ser las tareas de mantenimiento que tratan de
evitarlo.
Por ello, el punto anterior se explicaba la necesidad de
clasificar los fallos según sus consecuencias. Si el fallo ha resultado ser
crítico, casi cualquier tarea que se nos ocurra podría ser de aplicación. Si el
fallo es importante, tendremos algunas limitaciones, y si por último, el fallo
es tolerable, solo serán posibles acciones sencillas que prácticamente no
supongan ningún coste.
En este último caso, el caso de fallos tolerables, las
únicas tareas sin apenas coste son las de tipo 1, 2 y 3. Es decir, para fallos
tolerables podemos pensar en inspecciones visuales, lubricación y lectura de
instrumentos propios del equipo. Apenas tienen coste, y se justifica tan poca
actividad por que el daño que puede producir el fallo es perfectamente asumible.
En
caso de fallos importantes, a los dos tipos anteriores podemos añadirle ciertas
verificaciones con instrumentos externos al equipo y tareas de tipo condicional;
estas tareas sólo se llevan a cabo si el equipo en cuestión da signos de tener
algún problema. Es el caso de las limpiezas, los ajustes y la sustitución de
determinados elementos. Todas ellas son tareas de los tipos 4 y 5. En el caso
anterior, se puede permitir el fallo, y solucionarlo si se produce. En el caso
de fallos importantes, tratamos de buscar síntomas de fallo antes de actuar.
Si
un fallo resulta crítico, y por tanto tiene graves consecuencias, se justifica
casi cualquier actividad para evitarlo. Tratamos de evitarlo o de minimizar sus
efectos limpiando, ajustando, sustituyendo piezas o haciéndole una gran revisión
sin esperar a que dé ningún síntoma de fallo
La siguiente tabla trata
de aclarar qué tipos de tareas de mantenimiento podemos aplicar dependiendo de
la criticidad del fallo determinado en el punto anterior.
LA DETERMINACIÓN DE LA FRECUENCIA DE LAS TAREAS DE
MANTENIMIENTO
Una vez determinadas las tareas, es necesario determinar
con qué frecuencia es necesario realizarlas. Existen tres posibilidades para
determinar esta frecuencia:
1. Si tenemos datos históricos que nos
permitan conocer la frecuencia con la que se produce el fallo, podemos utilizar
cualquier técnica estadística (las técnicas estadísticas aplicables son
diversas, pero exceden los objetivos de este texto) que nos permita determinar
cada cuanto tiempo se produce el fallo si no actuamos sobre el equipo. Deberemos
contar con un número mínimo de valores (recomendable más de 10, aunque cuanto
mayor sea la población más exactos serán los resultados). La frecuencia estará
en función del coste del fallo y del coste de la tarea de mantenimiento (mano de
obra + materiales + pérdida de producción durante la intervención).
2. Si
disponemos de una función matemática que permitan predecir la vida útil de una
pieza, podemos estimar la frecuencia de intervención a partir de dicha función.
Suele ser aplicable para estimar la vida de determinados elementos, como los
álabes de una turbina de gas, los cojinetes o rodamientos de un equipo rotativo
o la vida de una herramienta de corte
3. Si no disponemos de las
informaciones anteriores, la determinación de la frecuencia con la que deben
realizarse las tareas de mantenimiento propuestas debe hacerse en base a la
opinión de expertos. Es la más subjetiva, la menos precisa de las formas de
determinar la frecuencia de intervención, y sin embargo, la más utilizada. No
siempre es posible disponer de información histórica o de modelos matemáticos
que nos permitan predecir el comportamiento de una pieza.
Si no se
dispone de datos históricos ni de fórmulas matemáticas, podemos seguir estos
consejos:
- Es conveniente fijar una frecuencia diaria para tareas de muy
bajo coste, como las inspecciones visuales o las lecturas de parámetros
- La
frecuencia mensual es aconsejable para tareas que supongan montajes o
desmontajes complejos, y no esté justificado hacer a diario
- La frecuencia
anual se reserva para tareas que necesitan que la planta esté parada, y que no
se justifica realizarlas con frecuencia mensual
Estas frecuencias
indicativas no son sino meras guías de referencia. Para cada caso, es
conveniente comprobar si la frecuencia propuesta es la más indicada.
Por
último, y con el fin de facilitar la elaboración del plan de mantenimiento, es
conveniente especificar la especialidad de la tarea (mecánica, eléctrica,
predictiva, de operación, de lubricación, etc.)
MEJORAS Y MODIFICACIONES DE LA INSTALACIÓN
Determinados
fallos pueden prevenirse más fácilmente modificando la instalación, o
introduciendo mejoras. Las mejoras pueden ser, entre otras, de los siguientes
tipos:
- Cambios en los materiales. Manteniendo el diseño de las piezas,
el único cambio que se realiza es en la calidad de los materiales que se
emplean. Algunos ejemplos: cambios en la composición química del acero con el
que está fabricada la pieza, en el tratamiento superficial que recibe esta para
mejorar las características de la capa más externa, en el tipo de aceite con el
que lubricamos dos piezas metálicas que mantienen entre sí contacto en
movimiento, etc.
- Cambios en el diseño de una pieza. La geometría de algunas
piezas hace que en determinados puntos acumulen tensiones que facilitan su
falla. Un simple cambio en el diseño de estas piezas puede hacer que cumplan su
función perfectamente y que su probabilidad de rotura disminuya
sensiblemente.
- Instalación de sistemas de detección, bien de aviso o bien
para evitar que el equipo funcione en condiciones que puedan ser
perjudiciales
- Cambios en el diseño de una instalación. En ocasiones no es
una pieza, sino todo un conjunto el que debe ser rediseñado, para evitar
determinados modos de fallo. Es el caso, por ejemplo, de fallas producidas por
golpes de ariete: no suele ser una pieza la que es necesario cambiar, sino todo
un conjunto, añadiendo elementos (como tuberías flexibles o acumuladores de
presión) y modificando trazados.
- Cambios en las condiciones de trabajo del
ítem. Por último, en ocasiones la forma de evitar la falla de una pieza o un
equipo no es actuar sobre éstos, sino sobre el medio que los rodea. Imaginemos
el caso de un fallo en un intercambiador de calor producido por incrustaciones
en el haz tubular que conduce el líquido de refrigeración. Este fallo puede
evitarse tratando químicamente este líquido con un producto anti-incrustante: no
estaríamos actuando sobre el intercambiador, sino sobre un componente externo
(las características fisico-químicas del líquido refrigerante)
CAMBIOS EN LOS PROCEDIMIENTOS DE OPERACIÓN
El personal que
opera suele tener una alta incidencia en los problemas que presenta un equipo.
Podemos decir, sin lugar a dudas, que esta es la medida más barata y más eficaz
en la lucha contra las averías. En general, las tareas de mantenimiento tienen
un coste, tanto en mano de obra como en materiales. Las mejoras tienen un coste
añadido, relacionado con el diseño y con las pruebas. Pero un cambio en un
procedimiento de operación tiene en general un coste muy bajo, y un beneficio
potencial altísimo. Como inconveniente, todos los cambios suelen tener una
inercia alta para llevarlos a cabo, por lo que es necesario prestar la debida
atención al proceso de implantación de cualquier cambio en un
procedimiento.
En ocasiones, para minimizar los efectos de un fallo es
necesario adoptar una serie de medidas provisionales si este llegara a ocurrir.
Dentro de los cambios en procedimientos de operación, un caso particular es
este: instrucciones de operación para el caso de que llegue a ocurrir un fallo
en concreto.
CAMBIOS EN PROCEDIMIENTOS DE MANTENIMIENTO
Algunas averías
se producen porque determinadas intervenciones del personal de mantenimiento no
se hacen correctamente. La redacción de procedimientos en los que se indique
claramente como deben realizarse determinadas tareas, y en los que figuren
determinados datos (tolerancias, ajustes, pares de apriete, etc.) es de gran
utilidad.
FORMACIÓN
Bien para evitar que determinados fallos ocurran,
o bien para resolverlos rápidamente en caso de que sucedan, en ocasiones es
necesario prever acciones formativas, tanto para el personal de operación como
para el de mantenimiento. La formación en determinados procedimiento, la
formación en un riesgo en particular o el repaso de un diagrama unifilar, o el
estudio de una avería sucedida en una instalación similar son ejemplos de este
tipo de acción.