En la mayoría de las empresas de mantenimiento la principal
limitación para crecer, aumentar su facturación, su beneficio y expandirse no
está en el mercado. Tampoco es la financiera su principal limitación: la gran
mayoría de empresas de mantenimiento pueden captar con facilidad más clientes y
mayor volumen de trabajo con la misma estructura organizativa y financiera. La limitación
que impide crecer a la gran mayoría de las empresas de mantenimiento es la
escasez de trabajadores cualificados: podrían captar mayor volumen de trabajo,
sobre todo trabajo especializado, pero después no podrían realizarlo o no
podrían dar un buen servicio por falta de personal técnico cualificado.
¿El problema es nuevo? ¿Por qué hace 20 años no se
detectaba con tanta intensidad? La razón hay que buscarla en el sistema de
formación de profesionales. Hace años, desde la Edad Media, ha existido uno,
con graves defectos, pero existía uno capaz de proporcionar a la sociedad
profesionales cualificados. Actualmente el sistema de formación de técnicos de mantenimiento
ha perdido eficacia.
Y es que la principal razón estriba en que la formación de
un buen profesional de mantenimiento requiere tiempo, ese preciado bien tan
escaso en la sociedad actual. Hace unos años, cada vez más lejanos, el
profesional de mantenimiento entraba en una empresa como aprendiz. Y como tal
pasaba mucho tiempo, al lado de oficiales de diferentes categorías. Aprendía lo
que veía, realizando trabajos de baja cualificación al lado de profesionales
muy experimentados.
Aprendía por ‘ósmosis’ es decir, al cabo de unos años y a
fuerza de ver una y otra vez las mismas intervenciones, el conocimiento
penetraba por su piel y acababa aprendiendo a hacerlas. El oficial iba
descargando en el peón tareas cada vez más complejas, supervisándolo
constantemente. Cuando alcanzaba la categoría de oficial de 1ª tenía a sus
espaldas una gran experiencia práctica. Si destacaba podía tener a su cargo un
pequeño grupo de oficiales, y pasaba a ser jefe de equipo, encargado o
contramaestre. Si un oficial tenía dificultades en su trabajo acudía a él, que
como persona muy experimentada solía resolver de manera magistral las tareas
más complejas.
El panorama actual es bastante diferente. Es evidente que
ese sistema tiene grandes carencias y defectos y que requiere de demasiado
tiempo. Pero el cambio sufrido en los últimos años no permite ser optimista. El
tiempo que pasa un peón como tal adquiriendo experiencia es muy bajo. Tanto él,
como la empresa y el mercado laboral le urgen a que se presente como oficial
sin tener conocimientos ni experiencia suficientes. Así, la empresa ya no valora el
trabajo ni la importancia que para el futuro tenía el peón; un mercado laboral
escaso acepta como oficial de primera a un peón aventajado; y el propio
técnico, busca ganar más dinero cuanto antes. Todo ello hace que el profesional
de mantenimiento haya ido perdiendo calidad.
Hoy en día no es fácil ir al mercado laboral, sobre todo en
España y en Europa, y encontrar profesionales del mantenimiento industrial con
una base de conocimientos y un mínimo de experiencia que aseguren que puede
asumir su trabajo con garantías.
Siendo pues la principal limitación la dificultad para
contar con profesionales preparados, sorprende que muchas empresas de
mantenimiento no gestionen de forma adecuada sus recursos humanos. Es decir, no
tienen como prioridad estratégica la captación de buenos profesionales, su
formación inicial y continua, y su fidelización. Quien tiene un buen
profesional desde luego tiene un tesoro, pero es curioso que la mayoría de las
empresas no tratan a los profesionales con los cuidados que debe prodigarse a
lo valioso y a lo casi insustituible.
Así, la rotación elevadísima de personal, el bajo tiempo de
permanencia de los mejores profesionales y a la escasez de recursos que las
empresas dedican a la formación son una constante en los departamentos de
mantenimiento y en las empresas especializadas.