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Tipos de Contrato de Mantenimiento
Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
A
grandes rasgos, existen tres tipos de contrato de O&M:
a) Tiempo y materiales. El contratista cobra por los trabajos que el cliente le
encarga. Factura en función del tiempo de trabajo, más los materiales que
utiliza. El cliente no adquiere ningún compromiso estable con el contratista:
sólo paga cuando requiere de sus servicios. Es el tipo de contrato ideal cuando
no se disponen de los conocimientos técnicos necesarios para abordar la
Operación y el Mantenimiento, y no se desea tener una plantilla propia
altamente especializada, de alto coste y con poca flexibilidad
La ventaja de este tipo de contrato es que no hay compromisos, por lo que si no
se solicitan los servicios, no se origina ningún gasto.
La desventaja es indudable: los intereses del contratista son completamente
opuestos a los intereses del cliente. Cuantas más averías y problemas tenga la
planta, más factura el contratista. Éste no tiene ninguna motivación para
proponer mejoras, para hacer reparaciones fiables, para plantear el objetivo
cero averías, pues podrían acabar con una parte importante de su facturación.
b) Contratos a precio cerrado. Por un precio determinado y fijo se incluyen una
serie de trabajos, unas veces bien determinados y otras veces sin determinar
con exactitud. Es el caso de contratos en el que se incluye el mantenimiento
preventivo de un sistema o de una instalación junto con todo el mantenimiento
correctivo que pueda surgir.
La ventaja de este tipo de contratos es que se conoce previamente el importe a
pagar, por lo que el cliente transforma un gasto variable y desconocido en un
coste fijo, perfectamente determinado.
La desventaja es que el contratista sólo mira su interés: no se preocupa por el
coste de la pérdida de producción (no afecta a su facturación), y hace
reparaciones fiables para un periodo corto de tiempo. Está muy interesado en
disminuir sus costes, pero no en aumentar la capacidad de producción o el
rendimiento de las instalaciones.
c) Contratos Full O&M. Son contratos en los que toda la responsabilidad en
la explotación técnica de la planta corresponden al contratista, reservándose
el cliente únicamente la explotación comercial. Suelen ser contratos tipo win-to-win,
es decir, tratan de ligar los resultados de contratista y cliente, de manera
que si el cliente pierde dinero, el contratista también, y si por el contrario
el cliente gana dinero, el contratista también lo hace. El contratista puede
aumentar sus beneficios aumentando la disponibilidad y el rendimiento de las
instalaciones, e incluso, puede aumentar sus beneficios aumentando sus gastos
(invirtiendo en mejoras, haciendo reparaciones más fiables, contratando a
personal altamente cualificado, etc)
La ventaja indudable de este tipo de contrato es que los intereses del
contratista y del cliente coinciden, y lo que afecta a uno (para bien o para
mal) afecta al otro.
Es posible obtener una serie de ventajas adicionales en el caso de que la
planta sea nueva y el constructor de la planta y el contratista de O&M sean
la misma empresa. Entre estas ventajas estarían las siguientes:
No hay discusiones sobre si un fallo determinado es un problema de diseño, de
montaje, de operación o de mantenimiento: la responsabilidad siempre recae
sobre el contratista.
El constructor tiene un gran conocimiento sobre la planta, que heredará el
contratista de O&M. Eso agilizará enormemente las intervenciones cuando se
produzca un fallo, lo que redundará automáticamente en la disponibilidad
El contratista de O&M siempre empleará materiales de primera calidad, los
recomendados por el constructor. Además, los obtendrá de un modo más rápido. De
nuevo, eso redundará en la disponibilidad y en la fiabilidad de la planta
El principal inconveniente de los contratos Full O&M es que, aparentemente,
son más caros. La cantidad que paga el cliente por este tipo de servicio es en
apariencia mayor (la facturación es más alta) lo que puede hacer pensar que
‘cuestan’ más. No es del todo correcto, pues también el beneficio es mayor, y
los riesgos, compartidos. El otro gran inconveniente es que el cliente pierde
el know-how de la planta, pierde formación e información sobre los problemas de
la planta y su solución, pues se centra en los resultados y no en cómo se
obtienen.
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