IMPLANTACIÓN TPM
Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
El TPM (Mantenimiento Productivo Total) surgió en Japón
gracias a los esfuerzos del Japan Institute of Plant Maintenance (JIPM)
como un sistema destinado a lograr la eliminación de las llamadas <seis
grandes pérdidas> del proceso productivo, y con el objetivo de facilitar la
implantación de la forma de trabajo “Just in Time” o “justo a tiempo”. TPM
es una filosofía de mantenimiento cuyo objetivo es eliminar las pérdidas en
producción debidas al estado de los equipos, o en otras palabras, mantener los
equipos en disposición para producir a su capacidad máxima productos de la
calidad esperada, sin paradas no programadas. Esto supone:
- Cero averías
- Cero tiempos muertos
- Cero defectos achacables a un mal estado
de los equipos
- Sin pérdidas de rendimiento o de
capacidad productiva debidos al estado de los equipos
Se entiende entonces perfectamente el nombre:
mantenimiento productivo total, o mantenimiento que aporta una productividad
máxima o total.
El mantenimiento ha sido visto tradicionalmente
con una parte separada y externa al proceso productivo. TPM emergió como una
necesidad de integrar el departamento de mantenimiento y el de operación o
producción para mejorar la productividad y la disponibilidad. En una empresa en
la que TPM se ha implantado toda la organización trabaja en el mantenimiento y
en la mejora de los equipos. Se basa en cinco principios fundamentales:
- Participación de todo el personal, desde la alta
dirección hasta los operarios de planta. Incluir a todos y cada uno de ellos
permite garantizar el éxito del objetivo.
- Creación de una cultura corporativa orientada a
la obtención de la máxima eficacia en el sistema de producción y gestión de los
equipos y maquinarias. Se busca la <eficacia global>.
- Implantación de un sistema de gestión de las plantas
productivas tal que se facilite la eliminación de las pérdidas antes de que se
produzcan.
- Implantación del mantenimiento preventivo como
medio básico para alcanzar el objetivo de cero pérdidas mediante actividades
integradas en pequeños grupos de trabajo y apoyado en el soporte que
proporciona el mantenimiento autónomo.
- Aplicación de los sistemas de gestión de todos
los aspectos de la producción, incluyendo diseño y desarrollo, ventas y
dirección.
Desde la
filosofía del TPM se considera que una máquina parada para efectuar un cambio,
una máquina averiada, una máquina que no trabaja al 100% de su capacidad o que
fabrica productos defectuosos está en una situación intolerable que produce
pérdidas a la empresa. La maquina debe considerarse improductiva en todos esos
casos, y deben tomarse las acciones correspondientes tendentes a evitarlos en
el futuro. TPM identifica seis fuentes de pérdidas (denominadas las <seis
grandes pérdidas>) que reducen la efectividad por interferir con la
producción:
1. Fallos del equipo, que producen pérdidas de tiempo
inesperadas.
2. Puesta a punto y ajustes de las máquinas (o tiempos
muertos) que producen pérdidas de tiempo al iniciar una nueva operación u
otra etapa de ella. Por ejemplo, al inicio en la mañana, al cambiar de lugar de
trabajo, al cambiar una matriz o molde,
o al hacer un ajuste.
3. Marchas en vacío, esperas y detenciones menores
(averías menores) durante la operación normal que producen pérdidas de
tiempo, ya sea por problemas en la instrumentación, pequeñas obstrucciones,
etc.
4. Velocidad de operación reducida (el equipo no funciona
a su capacidad máxima), que produce pérdidas productivas al no obtenerse la
velocidad de diseño del proceso.
5. Defectos en el proceso, que producen pérdidas
productivas al tener que rehacer partes de él, reprocesar productos defectuosos
o completar actividades no terminadas.
6. Pérdidas de tiempo propias de la puesta en marcha de
un proceso nuevo, marcha en
vacío, periodo de prueba, etc.
El análisis cuidadoso de cada una de estas causas de baja
productividad conduce a estudiar propuestas para eliminar esas causas. Es
fundamental que el análisis sea realizado en conjunto por el personal de
producción y el de mantenimiento, porque los problemas que causan la baja
productividad son de ambos tipos y las soluciones deben ser adoptadas en forma
integral para que tengan éxito.
Desde un punto de vista práctico, implantar TPM
en una organización significa que el mantenimiento está perfectamente integrado
en la producción. Así, determinados trabajos de mantenimiento se han
transferido al personal de producción, que ya no siente el equipo como algo que
reparan y atienden otros, sino como algo propio que tienen que cuidar y mimar:
el operador siente el equipo como suyo.
Supone diferenciar el mantenimiento en tres
niveles:
- El nivel de operador, que se ocupará de
tareas de mantenimiento operativo muy sencillas, como limpiezas, ajustes,
vigilancia de parámetros y la reparación de pequeñas averías
- Nivel de técnico integrado. Dentro del
equipo de producción hay al menos una persona de mantenimiento que trabaja
conjuntamente con el personal de producción, es uno más de ellos. Esta persona
resuelve problemas de más calado, para el que se necesitan mayores
conocimientos. Pero está allí, cercano, no es necesario avisar a nadie o
esperar. El repuesto también está descentralizado: cada línea productiva,
incluso cada máquina, tiene cerca lo que requiere.
- Para intervenciones de mayor nivel, como
revisiones programadas que impliquen desmontajes complejos, ajustes delicados,
etc., se cuenta con un departamento de mantenimiento no integrado en la
estructura de producción.
La implicación del operador en tareas de
mantenimiento logra que éste comprenda mejor la máquina e instalaciones que
opera, sus características y capacidades, su criticidad; ayuda al trabajo en
grupo, y facilita compartir experiencias y aprendizajes mutuos; y con todo
esto, se mejora la motivación del personal.
Existe una diferencia fundamental entre la
filosofía del TPM y la del RCM: mientras que en la primera son las personas y la
organización el centro del proceso, y es en estos dos factores en los que está
basado, en el RCM el mantenimiento se basa en el análisis de fallos, y en las
medidas preventivas que se adoptarán para evitarlos, y no tanto en las
personas.
El Japan Institute of Plant Maintenance (JIPM)
desarrolló un método en siete pasos cuyo objetivo es lograr el cambio de
actitud indispensable para el éxito del programa. Los pasos para desarrollar es
cambio de actitud son los siguientes:
Fase 1. Aseo inicial.
En esta fase se busca limpiar la máquina de polvo y
suciedad, a fin de dejar todas sus partes perfectamente visibles. Se implementa
además un programa de lubricación, se ajustan sus componentes y se realiza una
puesta a punto del equipo (se reparan todos los defectos conocidos)
Fase 2. Medidas para descubrir las causas de la suciedad, el polvo y las
fallas.
Una vez limpia la máquina es indispensable que no vuelva a
ensuciarse y a caer en el mismo estado. Se deben evitar las causas de la
suciedad, el polvo y el funcionamiento irregular (fugas de aceite, por
ejemplo), se mejora el acceso a los lugares difíciles de limpiar y de lubricar y se busca reducir
el tiempo que se necesita para estas dos funciones básicas (limpiar y lubricar).
Fase 3. Preparación de procedimientos de limpieza y lubricación.
En esta fase aparecen de nuevo las dos funciones de
mantenimiento primario o de primer nivel asignadas al personal de producción:
Se preparan en esta fase procedimientos estándar con el objeto que las
actividades de limpieza, lubricación y ajustes menores de los componentes se
puedan realizar en tiempos cortos.
Fase 4. Inspecciones generales.
Conseguido que el personal se responsabilice de la limpieza,
la lubricación y los ajustes menores, se entrena al personal de producción para
que pueda inspeccionar y chequear el equipo en busca de fallos menores y fallos
en fase de gestación, y por supuesto, solucionarlos.
Fase 5. Inspecciones autónomas.
En esta quinta fase se preparan las gamas de mantenimiento
autónomo, o mantenimiento operativo. Se preparan listas de chequeo (check list) de las máquinas realizadas
por los propios operarios, y se ponen en práctica. Es en esta fase donde se
produce la verdadera implantación del mantenimiento preventivo periódico
realizado por el personal que opera la máquina.
Fase 6. Orden y Armonía en la distribución.
La estandarización y la procedimentación de actividades es
una de las esencias de la Gestión de la Calidad Total (Total Qualilty Management, TQM), que es la filosofía que inspira tanto
el TPM como el JIT (Just in time,
justo a tiempo). Se busca crear procedimientos y estándares para la limpieza,
la inspección, la lubricación, el mantenimiento de registros en los que se
reflejarán todas las actividades de mantenimiento y producción, la gestión de
la herramienta y del repuesto, etc.
Fase 7. Optimización y autonomía en la actividad.
La última fase tiene como objetivo desarrollar una cultura
hacia la mejora continua en toda la empresa: se registra sistemáticamente el
tiempo entre fallos, se analizan éstos y se proponen soluciones. Y todo ello,
promovido y liderado por el propio equipo de producción.
El tiempo necesario para completar el programa varía de 2 a 3 años, y suele
desarrollarse de la siguiente manera:
1. La Gerencia da a conocer a toda la empresa su decisión de
poner en práctica TPM. El éxito del programa depende del énfasis que ponga la
Gerencia General en su anuncio a todo el personal.
2. Se realiza una campaña masiva de información y
entrenamiento a todos los niveles de la empresa de tal manera que todo el mundo
entienda claramente los conceptos de TPM. Se utilizan todos los medios posibles
como charlas, posters, diario mural, etc., de tal manera que se cree una
atmósfera favorable al inicio del programa.
3. Se crean organizaciones para promover TPM, como ser un
Comité de Gerencia, Comités departamentales y Grupos de Tarea para analizar
cada tema.
4. Se definen y emiten las políticas básicas y las metas que
se fijarán al programa TPM. Con este objeto se realiza una encuesta a todas las
operaciones de la empresa a fin de medir la efectividad real del equipo
operativo y conocer la situación existente con relación a las ”6 Grandes
Pérdidas”. Como conclusión se fijan metas y se propone un programa para
cumplirlas.
5. Se define un plan maestro de desarrollo de TPM que se
traduce en un programa de todas las actividades y etapas.
6. Una vez terminada la etapa preparatoria anterior se da la
”partida oficial” al programa TPM con una ceremonia inicial con participación
de las más altas autoridades de la empresa y con invitados de todas las áreas.
7. Se inicia el análisis y mejora de la efectividad de cada
uno de los equipos de la planta. Se define y establece un sistema de
información para registrar y analizar sus datos de fiabilidad y mantenibilidad.
8. Se define el sistema y se forman grupos autónomos de
mantenimiento que inician sus actividades inmediatamente después de la ”partida
oficial”. En este momento el departamento de mantenimiento verá aumentar su
trabajo en forma considerable debido a los requerimientos generados por los
grupos desde las áreas de producción.
9. Se implementa un sistema de mantenimiento programado en
el departamento de mantenimiento.
10. Se inicia el entrenamiento a operadores y mantenedores a
fin de mejorar sus conocimientos y habilidades.
11. Se proponen mejoras en los equipos productivos.
12. Se consolida por último la implantación total de TPM y
se estudia la efectividad de la implantación.
Contratar con una empresa externa la
implementación de TPM significa contratar un servicio de consultoría
especializado encargado de ir implantando en fases sucesivas el mantenimiento
productivo total. En general, un único asesor suele ser suficiente. A veces se
ocupa del asesoramiento a tiempo completo, pero esto solo es rentable si la
empresa tiene muchas líneas productivas. Lo habitual es que el asesoramiento y
el tutelaje del proceso lo pueda hacer a tiempo parcial, dedicando más tiempo
al principio y dejando poco a poco en manos del personal de producción el
liderazgo del proyecto de implantación