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Ventajas e inconvenientes de la externalización
Por: Santiago García Garrido
Director Técnico de RENOVETEC
Los
contratos de Operación y Mantenimiento, con amplias responsabilidades para el
contratista, van ganando terreno poco a poco en determinados ámbitos
industriales. Se trata sobre todo de plantas de nueva construcción, en las que el
propietario quiere asegurar su negocio, para conocer y fijar de antemano sus
costes de explotación. Estos tipos de contrato se utilizan sobre todo en
determinados sectores: la producción de energía es claramente uno de ellos,
aunque se observan tímidos avances en la industria automovilística y en la
petroquímica, sobre todo en productos auxiliares.
El propietario de la planta actúa en la mayor parte de estos casos como
inversor o promotor: dispone del dinero necesario para construir una planta,
firma un contrato para su construcción y posteriormente, otro para la operación
y el mantenimiento de la instalación. El precio de estos contratos de O&M
suele estar en función de la producción, aunque también suele contener una
parte fija que asegura al contratista cubrir una parte importante de sus
gastos, minimizando así sus riesgos para el caso de que el propietario o
cliente decidiera no utilizar toda su capacidad de producción.
Podemos decir pues que el principal objetivo que busca el cliente al contratar
la operación y el mantenimiento de su planta industrial es asegurar su negocio,
conociendo de antemano sus costes. Pero ésta no es la única.
La segunda razón que es posible constatar es la flexibilidad en la gestión de
los recursos humanos. Las tareas de operación y mantenimiento requieren, en
muchas ocasiones, realizarse en horarios amplios (turnos de 24 horas para la
operación, noches, fines de semana y periodos vacacionales para determinadas
tareas de mantenimiento) y también requieren de aumentos y disminuciones de
plantilla, dependiendo de los trabajos a realizar. Con una plantilla propia
esta flexibilidad es baja, y genera constantes fricciones en las relaciones
laborales. Los contratos de O&M trasladan estos problemas fuera de la
empresa cliente, que ve así reducida su conflictividad laboral, y obtiene la
flexibilidad que necesita.
Hay todavía una tercera razón por la que las empresas realizan contratos de
O&M: la exigencia de resultados. Es más difícil para una empresa exigir
unos resultados determinados a una plantilla propia que a una empresa
contratista. A nivel contractual puede ligarse la facturación del contratista
con los resultados obtenidos, bien en forma de bonificaciones-penalizaciones o,
como en los contratos más avanzados, ligando la facturación con la producción.
De esta forma también trasladamos fuera de la empresa la gestión de la
explotación de la planta: si el contratista quiere ganar dinero, tratará de
aplicar los mejores sistemas de gestión posibles. Si no lo hace, perderá
dinero, mucho en algunos casos. ¿Qué mejor motivación para el contratista?
Es importante recordar que el objetivo del contratista de O&M no es operar
y mantener una planta industrial de la mejor forma posible: su objetivo es
ganar dinero. Si el cliente no quiere verse afectado negativamente, debe
asegurarse de que el contratista cumple su objetivo, gana dinero. Si el
contratista no obtiene un beneficio, tratará de obtenerlo reduciendo costes, lo
que puede significar reducir personal, contar con personal menos cualificado o
buscar materiales de dudosa calidad. Mas tarde o más temprano, esta política de
reducción de costes a la desesperada pasará factura al propietario.
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